Buscar este blog

miércoles, mayo 5

Pasión


Llamé temprano diciendo que no iría a trabajar. El Flaco llegó con las entradas exactamente después de despegarme de mi novio. Aún sudados y con la sonrisa que uno tiene después de darse amor, salimos en busca del primer taxi que nos llevara al estadio. S/.12.00 nos cobró el cagón, el taxista tenía colgado de su espejo retrovisor una estampita aliancista, la cual escondió al llegar al Monumental.
El camino estuvo repleto de conversaciones con el taxista sobre fútbol y los autos pasaban tocando el claxon y flameando banderas cremas. Era colosal.
Francamente tenía muchas ganas de ir a un partido donde juegue la U, a pesar que me considero muy hincha de mi equipo nunca había ido a verlos jugar por diversas circunstancias, esta vez estaba muy emocionada y no veía las horas de llegar.


Bajamos del taxi y las calles estaban repletas de hinchas, habían chicos con pinta de pirañas, familias enteras con el polo de la U, novios llegando de la mano a ver el juego, infinidad de vendedores y revendedores. Entramos. Las mujeres y los hombres hacían colas diferentes, una mujer policía me agarró las tetas porque es parte de mi trabajo, mi novio tomó mi mano y entramos a Oriente. Me gustaba cómo me cuidaba y se preocupaba porque esté cómoda y segura. Cogimos un asiento y empezó el juego. Honestamente no sé ninguna canción de la barra, pero ese día me las aprendí todas, canté y grité a mis anchas. Era impresionante ver la barra norte, nunca dejaron de saltar, nunca dejaron de cantar, nunca los dejaron de alentar. No les voy a mentir, el sentimiento que me embargó fue tal que los ojos se me llenaron de lágrimas al ver la bandera de la U siendo extendida por toda la trinchera norte, en ese momento entendí a todos los hinchas aquellos, que se pelean por su equipo, que insultan por su equipo y hasta que matan por su equipo. Fueron unos largos minutos los que mi mirada se concentró en ellos, en el del bombo, el de los cohetes, el del papel picado, el que más gritaba y el que animaba a toda la hinchada. En serio fue espectacular. Nunca había tenido tal sensación. Fue indescriptible.

_____________________________________________________________________________________


El día de ayer sentí más que orgullo, amor por toda la hinchada, por la camiseta crema y por el orgullo de ver a mi equipo enfrentándose a un grande sin amilanarse. No ganamos, pero no siento que hayamos perdido. No es cosa de hincha, es así en verdad como me siento. Sé que pudimos tener mejor suerte, pero así es el fútbol y hay que aceptarlo. No negaré que odié con toda mi alma al Zorro Alva, que sentí mucha cólera al ver patear como un perfecto pajero a Labarthe y que entendí perfectamente el rostro enrojecido y lleno de ira del Negro Galván, pero no nos rendimos.


Quién iba a pensar que Llontop, la eterna sombra de Fernández, haya dado la vida en ese partido y haya sido catalogado como el mejor jugador en el partido de ida y vuelta. Nunca en mi vida había gritado tanto una atajada como lo hice el día de ayer. La grité más que el golde Cachito, por un momento pensé que ya la habíamos hecho, pero no fue así. No me siento del todo bien, tengo un sabor amargo en los labios aun, pero todo bien. Nunca dejaré de sentirme orgullosa de ser de la U.


No hay comentarios: