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viernes, agosto 26

Ya llegó


Ya la conozco, ya nació. Ya tomó mi dedo índice con su pequeña mano, ya me oye y la oigo también, ya siento su calor y su llanto, su alegría, su hambre.

La primera vez que me sonrió no pude evitar llorar, no pude evitar recordarla en mi vientre. No puedo dejar de mirar cada gesto que hace, no puedo evitar amarla cada segundo más, no quiero evitar nada de eso.
Ximena es la razón por la cual no me importa dormir un par de horas al día, no me importa dejar de almorzar si es que ella quiere que la arrulle por horas, no me importa hacer voces estúpidas cuando le digo: Qué hermosa eres, qué linda bebé, qué preciosa, te amo tanto... No me importa aguantarme las ganas de hacer pis por horas para no dejarla solita, no me importa ningún esfuerzo o sacrificio que yo haga porque ella es muchísimo más importante que yo misma.
Antes de ella no tenía idea del significado del amor incondicional, del amor por encima de todo, del amor en su máxima expresión.
Podría pasarme la vida tratando de explicar lo que uno siente al tener un hijo y aún así, no lo conseguiría.

Ella es un pedazo de mi y otro de su papá, quien es el amor de mi vida, imagínense entonces cuánta felicidad me puede causar ella, imagínense entonces cuánto amor hay.

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